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La usabilidad es universal: dos reglas de diseño que (re)aprendí con MasterChef

Una de las cosas que me dejó el distanciamiento social, fue unirme a la tradición de mi familia de ver y comentar MasterChef. Cuando descubrimos varias temporadas (además, de varios países) en una plataforma de streaming, decidimos hacer maratón comparativa.

Algo que amamos fue enamorarnos de las historias de ciertas personas. Por ejemplo, la hermana Flor (México) es una religiosa que entró al concurso para buscar fondos para su convento. Maylin González (Chile) ingresó a competencia como parte de su proceso de reinserción social, pues era privada de libertad. Alfonso Castro (Chile) y Paulo Jo Chung (Colombia) fueron personas que trabajaron en restaurantes, pero nunca en cocina y tenían ganas de demostrar su sazón.

El otro motivo por el que seguimos viendo los programas, es por la probabilidad de aprender algo. Sin importar el país, el jurado o el avance de la competencia, siempre alguien explicaba algo que no sabíamos. Tal vez esa información sea útil un día.

Hay dos constantes que todos los jurados, de todos los países, mencionaron siempre. Son, precisamente, dos principios de diseño que siempre se estudian al inicio de cualquier curso relacionado con la experiencia de usuario (UX).

  1. No agregar elementos que no cumplen ninguna función. El (buen) diseño de cualquier plataforma o servicio incluye un flujo pensado y lógico de lo que la persona usuaria puede y debe realizar. No debería haber ni más, ni menos elementos según los objetivos planteados.
    De igual forma, al cocinar, no se debe poner en el plato algo que no se pueda comer. Lo lógico es que todo lo que esté en el plato sea comestible, por lo que no debemos confundir al comensal. Lo mismo pasa con los usuarios.
  2. Hacer combinaciones con pocos elementos. Usualmente se habla, en diseño de interfaz (UI), arquitectura de la información (IA), posibilidades de interacción y similares, que es ideal mantener una ontología acotada y construir un universo claro con reglas muy definidas.
    En la cocina, es ideal utilizar pocos elementos para que se complementen bien entre sí y ningún elemento opaque a otro en cuanto a sabor, textura u otras cualidades organolépticas.

Al final de cuentas, sin importar el área profesional en la que estemos, podemos tomar prestados conceptos o marcos de pensamiento de otras disciplinas para poder facilitarnos la forma en que entendemos lo que hacemos.